Kiss me under the light of a thousand stars.

Nunca olvidarás aquel beso. No sé si fue el primero, el último, el que diste tras una gran discusión, el que diste a modo de perdón o uno que diste porque si. Pero siempre será el beso.

Un beso cálido, lento, tranquilo. Un beso que no querías que acabara. Un beso imposible de olvidar (aunque tampoco quieras hacerlo). Habrá más, pero ninguno como ése. Un beso que no sólo sentiste con tus labios sino que también se te erizó la piel de la cabeza a los pies, tu estómago sintió algo más que mariposas y tu corazón pegó un vuelco.

No fue el quién, ni el cómo, ni el cuándo, ni dónde, ni por qué. Simplemente fue. Quizá fuera tu persona, de la forma más romántica que te habías imaginado, un 14 de febrero en el lugar más bonito del mundo porque los planetas se alinearon. O tan solo fue un ligue de una noche, del cual ni su nombre recuerdas, que surgió entre cubata y cubata, a las 6 de la mañana a la salida de la discoteca porque el alcohol a veces es traicionero. Como ya he dicho, las circunstancias no son relevantes.



Sin duda, fue un beso que te dio la vida. Pero que también te la quitó.

Ya verás como me olvidas.

Son casi las cuatro de la mañana y el sueño todavía no ha podido conmigo. No es calor, ni insomnio. Hace días que no duermo bien, que paso las noches en vela con el recuerdo en mente de un tiempo mejor. Noche tras noche, anclada a algo que se ha esfumado, que ha desaparecido como en cada amanecer se ocultan las estrellas al salir el sol. Y cada día me repito: "mañana todo irá mejor". Y ese mañana en el que mi vida empieza a enderezarse, nunca llega. Salvo hoy. Hoy, como ayer, tampoco duermo. Pero esta vez mi almohada no está empapada de las lágrimas que brotan de mis ojos en los momentos previos a dejarme llevar por Morfeo. 

Como cada noche, Andrés y su 'Vuelve' están sonando en mis cascos, pero esta vez es distinto. 'Vuelve', pero no. Y es que os juro que si me lo hubiera pedido, cada canción de amor llevaría su nombre, pero no. Se lo llevó todo menos el dolor. El dolor de una despedida que llegó como un jarro de agua fría. Pero tras muchas noches, hoy he dicho basta. Basta de fingir ante el mundo que estoy bien, voy a pasar a estar bien, pero de verdad. Esto es como cuando un libro se acaba: da pena porque es el final de una historia que ha conseguido engancharte página tras página, pero hay miles de ellas esperando a ser vividas.

'Juré contar nuestra historia, nunca decir la verdad. Te llevaste mi memoria, juraste no regresar', joder Andrés, tienes cada frase que impacta de lleno en el corazón, como una bala, dejando una herida sangrante difícil de curar.
Esta noche, es distinto. No es que no duerma por tristeza o angustia o miedo. No es que no duerma por las miles de preguntas que invaden mi cabeza. No duermo porque no quiero. Porque estoy bien, a gusto, casi podría decir que estoy feliz. Bueno, feliz no. Es simplemente que miro hacia atrás con nostalgia pero siendo capaz de reprimir ese sentimiento de querer retroceder. Sonrío. No sé por qué. Alguien me hace sonreír. No es amor, no. No es ilusión, ni esperanza. Creo. Es... gratitud, supongo. Pero sonrío, de verdad. Con ganas, con sinceridad. Sonrío porque quiero, porque me sale. Sonrío, y punto. Yo no puse final a nada, yo no dejé que nos dejáramos. Y sufrí. Sufrí como todas aquellas personas que se han enamorado y a las que le han partido el corazón. Pero no más, ¿no? Sonrío, y ya está. Y escribo. Noto como unas ganas irrefrenables dentro de mi me dicen: "escribe". Y lo hago, me desahogo. Lloro, pero sonrío. Lloro por ser capaz de tener algo dentro que necesito soltar y que tan sólo puedo sacarlo de dentro de mi escribiendo. Y sonrío. Sonrío por ser consciente de que por fin siento que estoy pasando página.

Y sonrío.

Don't kill the magic.

Ellos eran esa pareja que, cada vez que se miran, el resto del mundo cree en el amor, por el simple hecho de que ellos eran la más pura y bonita expresión de éste.
Siempre que hablaba con ella, me contaba la misma historia, con las mismas palabras, sin cambiar lo más mínimo alguno de los sentimientos que ella tenía guardados todavía para él.

"Todavía recuerdo como tocaba mi canción favorita. Sabía exactamente cada uno de los acordes que la componía. Y la tocaba una y otra vez, sin partitura, de memoria. Y cada vez que sonaba la última nota, con la mirada le pedía "tócala otra vez". Y lo hacía. Le gustaba verme cerrar los ojos y como me dejaba llevar por la melodía. Y todavía las lágrimas brotan de mis ojos cada vez que llega el estribillo. Ayer de felicidad y hoy de nostalgia. Felicidad porque era su voz quien la entonaba y nostalgia porque eso ya es pasado. Pero las decisiones que tomamos, para lo bueno y para lo malo, siempre nos acompañan el resto de nuestras vidas. Y no siempre la gente se va, a veces somos nosotros los que necesitamos separar nuestro camino del de otra persona. Yo aquel día decidí que no volvería a escucharle tocar mi canción favorita. Y ni siquiera sé por qué lo hice, por qué me fui. Me fui sin dar una explicación, sin decirle adiós y sin mirar atrás. Nunca sabré perdonarme eso al igual que sé que él seguirá sufriendo por ello toda su vida. Preguntándose qué hizo mal para haberme marchado cuando la única culpable de esa partida fui yo. Ojalá... ojalá volver atrás. A ese frío y lluvioso día de noviembre en el que cogí mis canciones y mis libros, y tan solo fui capaz de dejar atrás esa estúpida carta en la que lo único que escribí fue 'sé feliz'. Pero, ¿sabes? Aún sigo soñando con aquella canción. La que él me tocaba cada tarde de verano en el muelle, cada noche fría de invierno junto al calor de la chimenea. Y no hay, ni habrá, un solo día en el que no desee plantarme en su puerta y pedirle que toque para mi."

¿Lo triste de esta historia? Que él nunca se rindió. Seguía tocando su canción a cada rato libre que tenía, mientras las lágrimas que salían de sus ojos recorrían sus mejillas hasta caer en aquellas dos palabras: 'sé feliz'. Las leía día tras día, buscándoles un sentido. Buscando un sentido al día en que ella se marchó. Tocaba su canción con la esperanza de, al tocar la última nota, el timbre sonara y fuera ella diciéndole de nuevo "tócala otra vez".

Y así les pasaba la vida. Esperando el uno por el otro, para vivir su gran amor. Pero eso nunca llegó a ocurrir. Nunca, ninguno, fue capaz de tomar las riendas de su vida y dejaron que los días pasaran hasta que las manos de él se cansaron de tocar y los ojos de ella se cansaron de llorar. 

Llegado este día, a todos nos da por ponernos reflexivos sobre los 364 días que preceden al 31 de diciembre que no es nada especial, pero por el simple hecho de haber dividido el tiempo de esta forma, se dice que este día es especial. Pero yo no quiero recordar, o si. Pero no de la misma forma que el resto. Yo lo que quiero es olvidarme de este año. Ha sido un año que ha tenido más días malos, que buenos. Un año para dejar que se vaya y que no vuelva. Un año que deje pasar a otro nuevo con la esperanza de que sea algo mejor. Pero en esta noche especial, me gustaría brindar por muchas cosas.

Voy a brindar por el 2014, porque a pesar de haber sido un año desastroso, también ha traído cosas buenas que me han enseñado a crecer y madurar. Por cada pequeño momento de felicidad. Por las sonrisas entre lágrimas. Por las lágrimas que acompañan a la risa. Por las palabras sinceras. Por esos cruces de miradas (y todos sabemos a cuales me refiero). Por todas esas personas que siguen ahí después de años. Y por todas esas que han aparecido y se han quedado. Por los que se han ido pero que han dejado algo valioso en mi vida. Por las canciones que nos salvan la vida en algún momento pero sobre todo, por esa canción. Por no darse nunca por vencido, por seguir luchando, por seguir caminando aún después de tropezarse y por no parar nunca. Por todos esos 'estoy bien' que esconden un oscuro dolor en el interior de una persona. Por ese libro que te ha hecho introducir en un mundo nuevo o que ha reflejado algún aspecto de tu vida en la piel de un personaje. Por esa película que ha conseguido enamorarte. Por todas esas fotos que al verlas en un tiempo no podrás evitar soltar una lágrima. Por ese partido y ese gol que han hecho que te olvides durante 90 minutos del mundo real. Por esa silla vacía que va a haber esta noche en muchas mesas porque las personas se van. Por el pasado y todo lo vivido. Por el hoy, no el mañana de ayer, no, hoy. Por el día a día. Por el futuro y todo lo que él va a traer consigo. Por el tiempo que es lo más valioso que tenemos, lo único que se va y que nunca podremos recuperar. Por la familia. Por los amigos. Por el amor. Pero, sobre todo, hoy es día de brindar por mi. 
Somos tan idiotas que estamos dejando que la vida pase mientras nosotros estamos delante de una pantalla de móvil u ordenador. Con lo bonito que es levantar la cabeza y disfrutar de todo lo que nos rodea. Nos estamos perdiendo tantas cosas... Cada mañana de camino al trabajo o a clase, si tan solo miraras el horizonte, podrías observar el sol salir y créeme que es tan bonito, que empezar el día así es... indescriptible. Si no estuvieras tan ocupado viendo ese vídeo estúpido que te han pasado, podrías estar disfrutando de la sonrisa de un niño de la mano de su madre de camino al colegio. Si en vez de estar pendientes de si te llega o no un mensaje de esa persona, nos molestáramos en ir a su portal con un abrazo en el bolsillo... Que no hay mejor sensación que el recoger las cartas del buzón y encontrar, entre todas las facturas, una carta de esa persona que está lejos, o que vive tres calles más abajo. Algo tan simple como mirar a los ojos a una persona mientras se tiene una conversación en lugar de estar pendiente de lo que se hable en las redes sociales. Cantar el gol de tu equipo y compartir la alegría con las 20.000 personas que están contigo en el estadio, en lugar de tener la necesidad de compartirlo en Twitter. Sacar fotos para ti, para verlas en unos años y darte cuenta de los buenos momentos que has vivido y no para conseguir muchos 'me gusta' en Instagram. Que de los 350 agregados que tienes en Facebook, ¿cuántos han estado realmente a tu lado y a cuántos puedes llamar verdaderamente amigos?




























Si dejáramos de preocuparnos tanto de los demás e hiciéramos las cosas por nosotros, porque el mundo es nuestro...